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	<title>Centro de Gravedad Permanente</title>
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	<description>Blog personal de Agustín Celis</description>
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		<title>Gente del gremio</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 13:10:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Repertorio de Melancolías]]></category>

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		<description><![CDATA[No había sido invitado. Me colé en la sala por una de esas fatalidades que parecen estar aguardándolo a uno a la vuelta de cualquier esquina. Juro que no era mi intención volver a pisar un escenario como ese. Fue fatal que ocurriera, sin embargo. Ni querido ni buscado, pero inevitable. Así fue como pasó. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=338&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/02/gente-del-gremio.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-339" title="GENTE DEL GREMIO" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/02/gente-del-gremio.jpg?w=300&#038;h=224" alt="" width="300" height="224" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">No había sido invitado. Me colé en la sala por una de esas fatalidades que parecen estar aguardándolo a uno a la vuelta de cualquier esquina. Juro que no era mi intención volver a pisar un escenario como ese. Fue fatal que ocurriera, sin embargo. Ni querido ni buscado, pero inevitable. Así fue como pasó. Dos horas antes había comido con un buen amigo que presume de estar bien situado en los peldaños del poder de ámbito educativo. Por fortuna, durante el almuerzo, hablamos de otros asuntos.</p>
<p>-Tienes que venir –fue lo que me dijo-. Te vas a divertir.</p>
<p style="text-align:justify;">Enseguida me acordé de cuando estos asuntos aún me parecían divertidos. Por curiosidad, interés o maldad acudía a ellos con la sana intención de reírme. De reírme de todos, claro. De sacarle punta a cada una de las palabras, ocultaran estas un análisis, una propuesta o una solución. Apenas seis años después de haber pisado por primera vez un aula con la ingenua intención de impartir clases de lengua y literatura, maldita la gracia que me hacen tales eventos.</p>
<p style="text-align:justify;">-Vente –me insistió- verás qué interesantes son los nuevos planteamientos.</p>
<p style="text-align:justify;">Acostumbrado a las malicias del poder, encanallado por sus ligeras formas, mi amigo cultiva una ironía y un sarcasmo irreconocibles. Hace falta conocerlo bien para hallar alguna verdad entre tantas mentiras. Como no quería molestarlo (al fin y al cabo había pagado él, como siempre), pronuncié el inevitable sí y nos dirigimos al Encuentro.</p>
<p style="text-align:justify;">No me demoraré en los detalles. Apenas hace falta descripción. Imaginen solamente el más lujoso de los escenarios a la hora del británico té, y en él, dispuestos para la representación, a un grupo de individuos preocupadísimos por la educación de sus hijos. Pocos profesores de a pie, eso sí. En su lugar, la tropa más alejada de una tiza y una pizarra que imaginarse pueda: miembros de la delegación, inspectores del ramo, personal de varios CEPs con sus powepoint ya engrasados y hasta algún que otro concejal que hasta allí se vino para incubar su huevo en la  mesa redonda; sin que faltaran, por supuesto, expertos en esto y en lo otro, en entornos que pretenden afines como el entrenamiento en el liderazgo, en el uso efectivo de las relaciones interpersonales, en el manejo de conflictos en espacios reducidos, en la negociación y el pensamientos estratégico, en la implementación de técnicas motivacionales, y para finalizar, como último grito, en la autoprogramación mental, el autocoaching y el mentoring. Todas ellas gentes del gremio, claro.</p>
<p style="text-align:justify;">Y parece que no, pero tres horas de divagaciones dan para mucho divagar, al final de las cuales todos estuvieron de acuerdo, cómo no, en que para situarnos sin rubor en las escalas que la OCDE propone, y poder disfrutar así de la tan ansiada mejora de nuestro sistema educativo, con la ambición y la calidad que esperan de nosotros, lo que hace falta sin demora, pero ya mismo, es una mayor inversión en educación. En una palabra: más pasta, oigan. Más medios, más recursos, más presupuesto. Más dinero. Qué otra cosa si no. Maldito parné.</p>
<p style="text-align:justify;">Al salir supe, y así se lo dije a mi amigo, que allí dentro habíamos estado rodeados de una patulea de granujas de la más refinadísima cuquería.</p>
<p>&nbsp;</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/agustincelis.wordpress.com/338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/agustincelis.wordpress.com/338/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=338&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Seguridades</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 16:31:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mínima Inmoralia]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/02/chiste-grc3a1fico-sobre-la-justicia.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-333" title="CHISTE GRÁFICO SOBRE LA JUSTICIA" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/02/chiste-grc3a1fico-sobre-la-justicia.jpg?w=300&#038;h=191" alt="" width="300" height="191" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Ese niñato que ven ahí sentado en el banquillo, con la mirada estremecida, recientemente asustado, extrañamente sorprendido por cuanto ahora le ocurre, en el fondo es un joven rebosante de seguridad. Absorto en la embrutecedora ignorancia de sí mismo, nunca le dio por confrontar sus propias acciones con la realidad. Nunca oyó el sonido de sus pasos. Nunca leyó en la mirada de los otros una desaprobación, una crítica o una condena. Quizá nunca la hubo. Quizá no le enseñaron a leerlas.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora pretenderán ocultarlo, pero la verdad es que este jovencito no es más que otro ejemplo de un producto manufacturado en serie, diseñado con troquel, adiestrado con firmeza en la abdicación absoluta de la responsabilidad personal. Aun hoy, cuando sentado en ese banquillo espera el fallo que ha de condenarlo o absolverlo, puede que no tenga claro el motivo por el que un día fue arrestado. Quizá no entienda siquiera, cabalmente, cuál es su culpa. El grado de responsabilidad que tiene en la desgracia que provocó a otros.</p>
<p style="text-align:justify;">En realidad no importa el delito. Rellénese en la línea de puntos el que corresponda a la causa: ………………………… Sobran los ejemplos: robo, allanamiento, intimidación, agresión con arma blanca, homicidio, asesinato, violación… ¡Qué más da!  Eso al menos debe de pensar él y sus iguales.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que importa, lo que quedará al cabo, lo que un día será contado, es la sorpresa social, el desconcierto, estupor o asombro con que fueron acogidas en su día las respuestas del joven a las autoridades que le interrogaban. A todos sorprendió la farsa y el cinismo, la doblez de sus respuestas, las mil formas de eludir la verdad, sin mirarla nunca de frente, el repertorio de amaños para que el delito quedara impune, la capacidad para inventar mentiras, el talento para la mendacidad. Como un niño que jugara sin riesgo a inventar el horror. Parecía adiestrado para ello. Cualquiera diría que se lo enseñaron en casa, cuando se salía siempre con la suya protegido por papá y mamá. Cualquiera diría que reforzaron  en la escuela ese inicial aprendizaje, cuando se habituó a observar que nunca pasaba nada, que nada era punible, que palabras como prohibición, deber o autoridad no tenían significado alguno. Que la palabra infracción no existía. Que nada importaba ni valía porque tampoco nada tenía consecuencias.</p>
<p style="text-align:justify;">Y al cabo esa es la seguridad que impera. En realidad no pasa nada. Puede estar seguro. A pesar de la farsa de juicio que hoy lo importuna, más la indignada mirada de tantos, en el fondo puede estar tranquilo. No tiene nada que temer. Pese a los seiscientos años y un día que el fiscal está dispuesto a pedir para que se pudra en la cárcel. No pasa nada. Sus abogados se lo han asegurado. Sea cual sea la condena…, por elevada que sea…, en realidad no cumplirá más de cuatro o cinco años. ¿Quién no se porta bien en una cárcel? En el fondo, tiene la seguridad, porque se lo han dicho sus abogados, de que le terminarán rebajando la pena por buena conducta, tras realizar, pongamos por caso a modo de ejemplo frívolo, un cursillo de dibujo técnico.</p>
<p style="text-align:justify;">
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/agustincelis.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/agustincelis.wordpress.com/332/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=332&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Vendetta</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 17:43:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mínima Inmoralia]]></category>

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		<description><![CDATA[Homero no recogió el suceso en sus dos célebres poemas, pero sí lo hicieron más tarde Filóstrato y Eurípides, entre otros. Cuando las naves griegas comandadas por Agamenón alcanzaron las costas de Troya, se le encomendó a Odiseo que acudiera a Tracia en busca de víveres, pero Odiseo, quizá por desidia, volvió de la expedición [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=327&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_329" class="wp-caption aligncenter" style="width: 230px"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/02/palamedes-estatua-esculpida-por-antonio-canova1.jpg"><img class="size-full wp-image-329" title="PALAMEDES (ESTATUA ESCULPIDA POR ANTONIO CANOVA)" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/02/palamedes-estatua-esculpida-por-antonio-canova1.jpg?w=630" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">Estatua de Palamedes esculpida por Antonio Canova</p></div>
<p style="text-align:justify;">Homero no recogió el suceso en sus dos célebres poemas, pero sí lo hicieron más tarde Filóstrato y Eurípides, entre otros.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando las naves griegas comandadas por Agamenón alcanzaron las costas de Troya, se le encomendó a Odiseo que acudiera a Tracia en busca de víveres, pero Odiseo, quizá por desidia, volvió de la expedición con las manos vacías. Entonces Palamedes, el rey de la isla de Eubea, lo ridiculizó delante de todos acusándolo de cobardía, tal y como ya había hecho en una ocasión anterior, cuando, queriendo rehuir Odiseo el peligro que suponía partir hacia la guerra, fingió estar completamente loco y no reconocer a quienes habían ido a Ítaca para reclutarlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Agamenón, Menelao y Palamedes encontraron a Odiseo disfrazado de campesino, arando el campo con un asno y un buey. Consciente de que se trataba de un simple ardid, Palamedes ideó la forma de desenmascarar al impostor. Para hacerlo, arrebató al pequeño Telémaco de los brazos de Penélope y lo dejó en tierra delante de los animales que continuaban avanzando. Para salvar a su único hijo de una muerte segura, a Odiseo no le quedó otro remedio que descubrirse y mostrar a las claras que había tratado de engañarlos.</p>
<p style="text-align:justify;">Desde ese mismo momento, Palamedes y Odiseo son enemigos irreconciliables. Homero no lo cuenta. Tal vez nunca lo supo. Pero con toda probabilidad su futuro héroe de la <em>Odisea</em> exhibió una sonrisa esquinada y trató de calmar los ánimos de los presentes, que no entendieron su comportamiento, tan poco valeroso. Tan indigno. También Palamedes lo ignoraba, pero no cabe duda de que aquel día firmó su sentencia de muerte.</p>
<p style="text-align:justify;">La ocasión para la venganza se le presenta a Odiseo al regresar de Tracia con las manos vacías. Por segunda vez es humillado por alguien más valeroso pero menos astuto y,  consciente de lo que va a ocurrir, reta a Palamedes para que salga en busca del forraje que él no ha sabido traer.</p>
<p style="text-align:justify;">-Si hubieras ido tú no habrías tenido más suerte –le dice.</p>
<p style="text-align:justify;">Recogiendo el envite, cayendo en la trampa, Palamedes zarpa inmediatamente y vuelve al poco tiempo con una nave cargada de grano. Satisfecho y orgulloso, pero vencido sin saberlo, pues este es precisamente el triunfo que subraya la desgracia que va a acabar con su vida.</p>
<p style="text-align:justify;">La pequeña victoria de Palamedes es la que lo condena a muerte. Sabiéndose de nuevo insultado, Odiseo tiene ahora dos razones para tramar la caída de aquel que se ha ido convirtiendo en un enemigo silencioso. Le bastarán dos días y dos noches para armar un plan infalible. A la mañana del tercer día se vale de la superstición para movilizar a todo el campamento. Y con certeras palabras envenena la mente de Agamenón.</p>
<p style="text-align:justify;">-Esta noche –le dice-. Los dioses me han revelado en sueño que hay un traidor entre nosotros. Debemos movilizar a las tropas por un día para descubrirlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Así se hace. Al caer la noche, Odiseo aprovecha para esconder una bolsa llena de oro en el lugar en el que estuvo la tienda de su enemigo. Luego obliga a un prisionero frigio para que escriba una fingida carta de Príamo, el rey de los troyanos, a Palamedes, en la que deja constancia de las condiciones del acuerdo:</p>
<p style="text-align:justify;"><em>El oro que te envío es el pago por tu traición.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Una vez escrito el comunicado, Odiseo da muerte al prisionero y lo deja abandonado en mitad de la explanada, con la infame misiva entre sus ropas.</p>
<p style="text-align:justify;">Al día siguiente las tropas de los aqueos vuelven a ocupar el lugar de su anterior emplazamiento, y es entonces cuando, no se sabe si por azar o por mandato, uno de los vigías haya el cadáver del prisionero frigio y entrega el mensaje a Agamenón.</p>
<p style="text-align:justify;">Incapaz de comprender los motivos ocultos de una acusación tan grave, Palamedes se limita a negarlo todo. Hasta el último momento, quizás, no sabrá de dónde le viene el golpe. Para no delatarse, Odiseo trata de calmar los ánimos de todos intercediendo en favor de Palamedes.</p>
<p style="text-align:justify;">-No es prudente acusar a un hombre sin las suficientes pruebas –dice.</p>
<p style="text-align:justify;">Y así, con paciencia, con disimulo, con astucia, Odiseo sugiere sin decirlo que sea registrada la tienda en la que duerme Palamedes, donde hallarán el oro que lo condenará  a morir lapidado por traidor.</p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>Problemas de identidad</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 18:01:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mínima Inmoralia]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre le gustó fantasear con la posibilidad de ser otro. Cansado de ser él mismo, se inventaba posibles vidas para sobrevivir; mentía con frecuencia. En alguna ocasión, para no incurrir en la vulgaridad de ser solo uno, se atrevió a invocar sobre sí a una multitud. Creerse múltiple e infinito fue para él mucho más [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=317&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_318" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/01/de-donde-venimos-quic3a9nes-somos-adc3b3nde-vamos-de-paul-gauguin-1897.jpg"><img class="size-medium wp-image-318" title="DE DONDE VENIMOS, QUIÉNES SOMOS, ADÓNDE VAMOS, de Paul Gauguin, 1897" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/01/de-donde-venimos-quic3a9nes-somos-adc3b3nde-vamos-de-paul-gauguin-1897.jpg?w=300&#038;h=111" alt="" width="300" height="111" /></a><p class="wp-caption-text">¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?, de Paul Gauguin, 1897.</p></div>
<p style="text-align:justify;">Siempre le gustó fantasear con la posibilidad de ser otro. Cansado de ser él mismo, se inventaba posibles vidas para sobrevivir; mentía con frecuencia. En alguna ocasión, para no incurrir en la vulgaridad de ser solo uno, se atrevió a invocar sobre sí a una multitud. Creerse múltiple e infinito fue para él mucho más que una ilusión. Sabía que también somos lo que los demás se obstinan en ver en nosotros; aquello que la mirada, con el auxilio de la imaginación, desea o decide que seamos cuando nos miran. Saberse querido u odiado eran solo contingencias estéticas, mudanzas de una misma trama, variaciones sobre el mismo tema.</p>
<p style="text-align:justify;">Estoy seguro de que momentos antes de colocarse la soga alrededor del cuello debió de pensar en todos los hombres que había sido; en todos los que fue sin que nadie lo supiera. Quizá también en todos aquellos que dejaba de ser; en todos los que ya nunca sería.  Con la sonrisa esquinada en la boca debió de valorar el triste sarcasmo de que encontraran un solo cadáver. “Suicidio”, dirían todos. Nadie pensaría en el asesinato múltiple, en el atroz genocidio que estaba a punto de cometer.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora sé que apretó el nudo con la turbia sensación de saberse vencido y no reivindicado. Rara vez había sido quien decía ser. Nunca fue quien quiso.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/agustincelis.wordpress.com/317/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/agustincelis.wordpress.com/317/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=317&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">DE DONDE VENIMOS, QUIÉNES SOMOS, ADÓNDE VAMOS, de Paul Gauguin, 1897</media:title>
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	</item>
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		<title>Juego con máscara</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 09:21:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mínima Inmoralia]]></category>

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		<description><![CDATA[Como siempre, como a todos, toda la tarde lo estuve juzgando en silencio. En el fondo sabes que tengo razón, lo que ocurre es que no te atreves a reconocerlo. Durante horas que se me hicieron minutos repasó banalidades de primerísima actualidad. Más por curiosidad que por interés fingí gradualmente, sin pronunciar palabras, asombro, duda, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=304&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_315" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/01/salida-de-un-baile-de-mc3a1scaras-de-josc3a9-garcc3ada-ramos-19054.jpg"><img class="size-medium wp-image-315" title="SALIDA DE UN BAILE DE MÁSCARAS, de José García Ramos (1905)" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2012/01/salida-de-un-baile-de-mc3a1scaras-de-josc3a9-garcc3ada-ramos-19054.jpg?w=300&#038;h=248" alt="" width="300" height="248" /></a><p class="wp-caption-text">Salida de un baile de máscaras, de José García Ramos, 1905.</p></div>
<p style="text-align:justify;">Como siempre, como a todos, toda la tarde lo estuve juzgando en silencio.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>En el fondo sabes que tengo razón, lo que ocurre es que no te atreves a reconocerlo.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Durante horas que se me hicieron minutos repasó banalidades de primerísima actualidad. Más por curiosidad que por interés fingí gradualmente, sin pronunciar palabras, asombro, duda, confusión y alarma. Lo suyo se parecía demasiado a una arenga, a un discurso, a una homilía. Cualquiera que lo hubiese estado oyendo lo habría creído un loco, un exaltado, un fanático. En algún momento, un hombre peligroso.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquella fue la frase clásica que eligió para terminar su proclama. Seguramente comprendió que nunca me iba a convencer.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>En el fondo sabes que tengo razón…</em></p>
<p style="text-align:justify;">Asqueado de argumentar, cansado ya de tanto querer tener razones, opiniones, motivos, toda la tarde guardé silencio y lo dejé hablar, íntimamente de acuerdo con cuanto decía, hipócritamente en contra.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/agustincelis.wordpress.com/304/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/agustincelis.wordpress.com/304/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=304&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">agustincelis</media:title>
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			<media:title type="html">SALIDA DE UN BAILE DE MÁSCARAS, de José García Ramos (1905)</media:title>
		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>Con el paso cambiado</title>
		<link>http://agustincelis.wordpress.com/2011/12/05/con-el-paso-cambiado/</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 15:39:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias Curiosas]]></category>

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		<description><![CDATA[Como habría dicho Javier Marías, “no he querido saber, pero he sabido” que desde hace algunos años anda flotando en formato .doc, lista para la descarga, una antología de relatos cortos, titulada Cuentos españoles contemporáneos del siglo XX, en el que aparece mi relato La bondad del Invierno. Es lo que tiene Internet, que depara [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=299&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/12/pluma-y-tinta-para-escribir.jpg"><img class="size-medium wp-image-300 aligncenter" title="PLUMA Y TINTA PARA ESCRIBIR" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/12/pluma-y-tinta-para-escribir.jpg?w=300&#038;h=210" alt="" width="300" height="210" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">Como habría dicho Javier Marías, “no he querido saber, pero he sabido” que desde hace algunos años anda flotando en formato .doc, lista para la descarga, una antología de relatos cortos, titulada <a title="Cuentos españoles contemporáneos del siglo XX" href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=%22la%20bondad%20del%20invierno%22%20celis&amp;source=web&amp;cd=4&amp;ved=0CDkQFjAD&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.juntadeandalucia.es%2Faverroes%2Fceipcervantes%2Fimages%2FEnlacesTic2%2FProgramaCursosWeb%2FLibros%2FAnon%2520-%2520Cuentos%2520Espa%25F1oles%2520Contemporaneos%2520Del%2520Siglo%2520Xx.DOC&amp;ei=kuLcTpiAJ9HesgaS0un0Cw&amp;usg=AFQjCNFqnhqssP7yftH8RISXdowfAnOPKg&amp;cad=rja" target="_blank"><em>Cuentos españoles contemporáneos del siglo XX</em></a>, en el que aparece mi relato <a title="La bondad del invierno" href="http://www.agustincelis.com/LA%20BONDAD%20DEL%20INVIERNO.html" target="_blank"><em>La bondad del Invierno</em></a>.</p>
<p style="text-align:justify;">Es lo que tiene Internet, que depara esta clase de sorpresas. Ignoro quién es el espontáneo compilador de esta colección de cuentos,  la persona a la que debo el dudoso honor de encontrar mi nombre junto al de algunos de los más destacados cultivadores del relato breve en español. En todo caso, sea quien sea esta alma cándida y predispuesta, quiero hacerle llegar mi agradecimiento por la inclusión de que me hace merecedor en su humilde antología, si bien creo que me corresponde añadir una nota marginal, a modo de aclaración aguafiestas, en mi propio texto.</p>
<p style="text-align:justify;">El relato <em>La bondad del Invierno</em> es el resultado de una obsesión. En cuanto a lecturas, prácticamente todo el año 2001 lo dediqué a informarme, de manera compulsiva, sobre la Guerra Civil Española. No sé cuántos libros me llegué a leer sobre el célebre conflicto durante esos meses, pero sin duda fueron muchos, lo que me ha terminado por provocar, a la larga, cierto empacho y hasta cierto recelo hacia todo “lo nuevo” que se escribe sobre tan delicado y manido tema. Qué sé yo por qué ocurrió, pero lo cierto es que aquel año me dio por ahí… y uno de los asuntos que más despertó mi curiosidad fue el relacionado con las guerrillas antifranquistas (los llamados <em>maquis</em>) que, de manera más o menos organizadas, trataron de resistir en algunas zonas de España hasta bien entrado los años cincuenta, con algún caso aislado aún en los sesenta.  Pero el cuento en cuestión, largamente planeado, contado una y otra vez en mi cabeza, no lo llegué a escribir hasta el mes de julio del año 2002. De modo que, en rigor, el relato incluido en la antología es un texto escrito ya en el siglo XXI, y no en el XX, lo que quizá lo convierte en la nota discordante de la colección, y a su autor, en este caso yo, en el típico soldado que, en medio de un desfile se descubre marchando, a la vista de todos, con el paso cambiado.</p>
<p> <strong>Los relatos cortos incluidos en dicha antología son estos:</strong></p>
<p><em>La primera gripe de Adán</em>, de Bernardo Atxaga<br />
<em>Acerca de la muerte de Bieito,</em> de Rafael Dieste<br />
<em>Navidad sin ambiente,</em> de Miguel Delibes<br />
<em>El cuento de nunca acabar,</em> de Ofelia Dracs<br />
<em>El Niño-Lobo del Cine Mari</em>, de José Mª Merino<br />
<em>A modo de Sonata</em>, de Alfredo Conde<br />
<em>La lengua de las mariposas,</em> de Manuel Rivas<br />
<em>El árbol de oro</em>, de Ana Mª Matute<br />
<em>El bonito crimen del carabinero,</em> de Camilo José Cela<br />
<em>El paraíso era un autobús</em>, de Juan José Millás<br />
<em>El tren que no conduce nadie</em>, de Francisco Garcia Pavón<br />
<em>¿Cómo te quiere él?,</em> de Maruja Torres<br />
<em>Peor que la muerte</em>, de Eduardo Vaquerizo<br />
<em>Televisión basura</em>, de Manuel Vázquez Montalbán<br />
<em>Con la técnica de Lovecraft</em>, de Joan Perucho<br />
<em>El regreso</em>, de Rafael Diester<br />
<em>El caracol del jardín misterioso</em>, de Raúl Torres<br />
<em>El inquisidor</em>, de Francisco Ayala<br />
<em>La confesión</em>, de Miguel Ángel Mañas<br />
<em>El jardín de la Alegría</em>, de Francisco Escobar Bravo<br />
<em>María</em>, de Manuel Talens<br />
<em>El alma en pena de Fiz Cotobelo</em>, de Wenceslao Fernández Flórez<br />
<em>Entre el Cielo y el Mar</em>, de Ignacio Aldecoa<br />
<em>Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos,</em> de A. Pereira<br />
<em>El caballero</em>, de Álvaro Cunqueiro<br />
<em>La bondad del invierno</em>, de Agustín Celis<br />
<em>Un curioso intercambio</em>, de Juan José Millás<br />
<em>El reincidente</em>, de Rafael Sánchez Ferlosio<br />
<em>Los chicos</em>, de Ana Mª Matute<br />
<em>Los límites de la inocencia</em>, de Salvador Company<br />
<em>Los hermanos «Dosenuno»,</em> de Patxi Irurzun<strong><br />
</strong><em>Sybil Vane</em>, de Carmen Martín Gaite<br />
<em>Ragnarok en las playas de Ítaca</em>, de Rafael Marín<br />
<em>Modelados en barro</em>, de Alicia Giménez Barlett</p>
<p>______________________</p>
<p style="text-align:justify;"><a title="La bondad del invierno" href="http://www.agustincelis.com/LA%20BONDAD%20DEL%20INVIERNO.html" target="_blank"><em>La bondad del invierno</em></a> recibió el <strong>Premio Unión Latina de Cuento 2002</strong>, en el Concurso Internacional de Relatos “Juan Rulfo”, concedido por Radio Francia Internacional y la institución Unión Latina. El jurado que lo otorgó estaba compuesto por Fernando Aínsa, Miquel Barceló, Silvia Barón-Supervielle, Rubén Bareiro Saguier, Jorge Edwards, Claude Fell, Javier Fernández, Mercedes Iturbe, Alexis Márquez, Laura Mazzolo, Julio Ortega, Manuel Rivas, Patrick Rosas, Luis Sepúlveda, Aline Schulmann, Paco Ignacio Taibo II y Jorge Volpi</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/agustincelis.wordpress.com/299/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/agustincelis.wordpress.com/299/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=299&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">PLUMA Y TINTA PARA ESCRIBIR</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>Mi personal método de autoayuda</title>
		<link>http://agustincelis.wordpress.com/2011/11/21/soy-tu-puta/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 19:30:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficciones]]></category>

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		<description><![CDATA[A pesar de la edad, de ser tan joven, Lucía tiene ya un cuerpo en declive que sin embargo gusta mucho. A mí me gusta. Al portero del bloque donde tenemos nuestro nidito de amor sé que también le gusta, y he comprobado que cuando bajamos algunas tardes a la cafetería de la esquina los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=293&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_294" class="wp-caption aligncenter" style="width: 250px"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/11/el-beso-de-edvard-munch.jpg"><img class="size-medium wp-image-294" title="EL BESO DE EDVARD MUNCH" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/11/el-beso-de-edvard-munch.jpg?w=240&#038;h=300" alt="" width="240" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">El Beso de Edvard Munch, 1897</p></div>
<p style="text-align:justify;">A pesar de la edad, de ser tan joven, Lucía tiene ya un cuerpo en declive que sin embargo gusta mucho. A mí me gusta. Al portero del bloque donde tenemos nuestro nidito de amor sé que también le gusta, y he comprobado que cuando bajamos algunas tardes a la cafetería de la esquina los camareros la miran a ella con deseo y a mí con sospecha. Puede que me encuentre entonces entre el viejo verde y el padre superprotector, por la edad y seguro que también por el nudo de la corbata, ancho y perfecto como me enseñó mi tía a hacerlo antes de que tuvieran que ingresarla en un sanatorio para enfermos mentales. Y entonces, cuando el camarero trae la cuenta de mis dos cafés con leche y del sofisticado capuccino con moka y nata que se tomó Lucía, confirmo un deje de envidia en sus ojos, una huella de placer dudoso en el temblor de su mano, una sombra de amenaza frustrada en los labios juveniles que pronuncian sin asombro ni duda, pero con recelo,</p>
<p style="text-align:justify;">su cuenta, señor.</p>
<p style="text-align:justify;">Todos los lunes, miércoles y viernes nos vemos en el pisazo que le he puesto en pleno barrio de Salamanca, y allí nos contamos nuestros martes, jueves y sábados, nunca los domingos, el único día ajeno a mi vida con ella, independiente de ella, tal y como yo quise que fuera. Y allí, en nuestro nidito de amor, me entrego a la recuperación del tiempo que he ido perdiendo en mi impecable vida, sin tacha, de esposo y padre ejemplar. Tenemos ya establecido hasta nuestro ritual de apareamiento. Tres veces a la semana me arrullo en su pecho y le impongo el orden que precisan sus veinte años, su cultura de estilo c<em>osmopólitan</em> para la mujer diez, de opción política antiglobalizadora, formación preuniversitaria y futuro prometedor.</p>
<p style="text-align:justify;">La chica promete. Desde que yo le compré el piso y dejó de vivir con sus padres no se imagina el cambio que ha dado. Con el dinero que le paso y que a ella le resbala amuebló toda la casa sin ostentación pero con personalidad. Yo no entiendo demasiado ese gusto suyo por los suelos rayados y las vigas vistas, pero como a ella le gustan no me meto. No sé ya ni cuántos catálogos lleva vistos para casi cualquier cosa; para el color de las paredes, para los pomos de las puertas, para la grifería del cuarto de baño, para que los estores de la salita estén a juego con la alfombra de sus sueños que encontró en una revista francesa para amantes de las superficies rugosas.</p>
<p style="text-align:justify;">La veo feliz y me basta. Las cuatro horas que le robo los días impares son para mí un alivio reparador. Lo normal es que me reciba en ropa interior, con música étnica sonando desde la habitación del fondo, un montón de cojines por el suelo y unas tazas de té verde que ha preparado, en un instante, en el hornillo portátil que adquirió por un precio desorbitado en unas tiendas de estética oriental que destinan el cincuenta por ciento de sus beneficios, fíjese, a reparar el hambre de los niños hambrientos del tercer mundo.</p>
<p style="text-align:justify;">Está viviendo una etapa receptiva. Según ella, en estos once meses conmigo ha descubierto el lado humano de los objetos. Está abierta a las múltiples influencias que le proporciona el mundo exterior. Ya no es más aquella niña asustada y suspicaz que, según me cuenta, un día fue. Ayer mismo se inscribió en un nuevo curso de esos que en quince días nos convierten en seres motivados capaces de enfrentar cualquier situación que se presente. Yo mismo le subí del buzón, la semana pasada, el folleto desplegable que anunciaba “la forma definitiva de ser usted mismo”. El reclamo no tiene desperdicio: “con el método astral de mentalismo en cinco fases AYUDÓN olvídese de sus complejos y sea el que siempre quiso ser”.</p>
<p style="text-align:justify;">Eso es lo que yo hago con Lucía. Ella es mi personal método de autoayuda, desde casa y sin gastos extras de envío. Y por si fuera poco, por si no bastara con el encuentro de su piel contra la mía tres veces a la semana, para que no me venga abajo, para que confíe en el futuro y no me termine de convertir en el hombre envejecido y triste que voy siendo, para que confíe en mí y en ella y en los sucesivos cursos de mentalismo que tiene ya pensado hacer, cada día me lee el horóscopo en la cama después de haberla penetrado y de haber sentido nuevamente renovada esa juvenil efervescencia que a veces quiero encontrar en mi ánimo. Y el horóscopo, siempre condescendiente con el público lector, prevé para mí, piscis, el más sensible del zodiaco, “esa relación total con la persona de sus sueños”; y para ella, escorpio, la mejor amante, “un encuentro inesperado que te saque de la brutal rutina en la que te has instalado en los últimos meses”.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya ni siquiera intento hacer el amor con mi mujer. Ya ni siquiera me lo pide por las noches. No sé si se ha terminado de conformar con el beso sin ternura que le doy, con piedad y un poco por cumplir, justo antes de ponerme a leer en la cama, o si es que también ella se ha buscado un joven al que ponerle un piso, quizá en pleno barrio de Salamanca, y con el que practicar, previo pago, esa gimnasia adulta que recuerda nuestros encuentros de hace ya treinta años.</p>
<p style="text-align:justify;">A mi mujer le dedico los cada vez más aburridos domingos de la semana. Los domingos de periódico, tele, sofá y espera. Los domingos de encontronazo con los familiares a quienes no conocemos. Los domingos cuyo único entretenimiento consiste en buscarle al cuerpo de mi mujer parecidos razonables. Imposible imaginarla ya encima de mí, penetrada, si no es como un grotesco animal de la era terciaria que apoya su barriga en mi barriga sosteniendo el peso de unos senos incapaces ya de endurecerse con el tirón de una caricia. Imposible concebir el desarrollo de una felación practicada por una boca que ha ido aumentando conforme el dentista ha ido corrigiendo las imperfecciones del tiempo, y cuya lengua tiene ya el tacto viscoso de un filete de hígado aún no cocinado. Y qué decir de los surcos de las patas de gallo disimuladas con potingues ecológicos de venta en farmacias. Y qué decir de las manos manchadas de años, del pelo ralo, de la piel enredada por los rastros de venas que han ido eliminando sus operaciones millonarias.</p>
<p style="text-align:justify;">No me engaño. Tampoco yo poseo ya el entusiasmo idiota del veinteañero y a Lucía la encontré por primera vez en la hoja de anuncios breves de la edición madrileña de un periódico nacional, cuando todavía ella, según me ha confesado luego, no había descubierto sus verdaderas inquietudes. El anuncio iba dirigido a exquisitos sin límites y el reclamo era un lujo de mujer, sensible pero supermorbosa, penetración infinita, francés tragando y griego superprofundo. Nada que objetar. La chica dio lo que prometía y los encuentros se repitieron en semanas sucesivas hasta que la cosa se fue enredando y terminó convertida en mi puta por doce horas a la semana con un salario casi millonario.</p>
<p style="text-align:justify;">No me engaño. Sé que los fines de semana de Lucía tienen los claroscuros de los de cualquier jovencita de su edad. Me lo dicen las ojeras de sus lunes. Me lo confirma cierto desorden en la casa que años atrás hubiera provocado el derrumbe de mi alma a los pies. Un día incluso encontré debajo de la cama, junto a la mesita de noche, un preservativo con nudo envuelto en un kleenex ya de cartón.</p>
<p style="text-align:justify;">No se equivoque. No me importó. Aquel día, sin decir nada, yo mismo recogí la única prueba de su traición y sin mayores desvelos la tiré a la basura. ¿Qué quiere que le diga? Lucía está hecha a la medida de las ambiciones masculinas que desde hace cincuenta años llevo alimentando como cualquier macho de la era moderna. ¿Qué más puede desear un hombre de mi posición, con mi fortuna, que lo ha conseguido todo en la vida, que no se queja, que tiene una familia que lo quiere, una mujer y unos hijos, que tiene éxito y dos o tres amigos que lo respetan?</p>
<p style="text-align:justify;">No, en serio, no se quede ahí callado, juzgándome. Dígame. ¿Qué otra cosa puede desear un hombre de mi edad que a una veinteañera sensible pero supermorbosa que cuando está a punto de correrse o de fingir que se corre me araña con las uñas y me susurra al oído, entre ahogos,</p>
<p style="text-align:justify;">soy tu puta, soy tu puta,</p>
<p style="text-align:justify;">a la vez que le sobrevienen los espasmos y mueve la cabeza de un lado a otro estremecida por el placer?</p>
<p style="text-align:justify;">Venga, no se corte. Confiese que también a usted le gustaría ser un cornudo por un día a cambio de esa vanidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Entiéndame. No se equivoque con lo que le dije antes de mi mujer. Ella y Lucía son compatibles. No hay conflicto. A diferencia de otras, Lucía no le pide a mi dinero una credencial de posesión, no agobia con lo de ser mi amante, no me pide que deje a mi mujer. Y mi mujer, fíjese lo que le digo, no se mete demasiado en mi vida. ¿Qué más puede desear un hombre? La vida es más sencilla de lo que he tardado cincuenta años en entender. Este domingo, por ejemplo, hemos quedado con unos amigos para pasar la noche. Mi mujer va de estreno; un traje que se ha comprado esta semana según los patrones establecidos por la pasarela Cibeles para esta primavera verano, unos zapatos de ensueño y, cómo no, el bolso que va a ser la envidia de sus amigas, más el complemento de una o dos joyas que como a urracas que revolotean alrededor del brillo les dará para la única conversación de varias horas. Pero en casa yo veré lo de siempre. ¡Qué espectáculo presenciar cómo se pone la faja y los potingues encima de las correcciones y del colágeno inyectado! Y seguro que en el último minuto, mientras me avisa para que no se me olviden las llaves, se retocará una vez más, guapísima, el rímel y los enormes labios de silicona antes de salir para la Ópera.</p>
<p style="text-align:justify;">________________________</p>
<p style="text-align:justify;">Este texto lo escribí en julio de 2001 como una especie de homenaje a António Lobo Antunes, a quien empecé a leer por aquel entonces. Pretendía ser un relato escrito según el patrón aprendido en sus crónicas.</p>
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			<media:title type="html">EL BESO DE EDVARD MUNCH</media:title>
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		<title>Un curioso aniversario</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 23:47:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias Curiosas]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">Ayer hizo cinco meses que escribí por última vez en este blog. Otros asuntos me han tenido ocupado, alejado y disperso. Para qué, me he preguntado en más de una ocasión. Y aunque a veces he estado tentado de retomarlo, acicateado por la realidad, al final siempre me ha terminado venciendo la pereza, la desgana y el cansancio. También la indiferencia. Esta noche, sin embargo, he regresado a casa con ganas de ponerme a escribir. Hace un rato venía en el coche pensando en ello. Regresaba de una fiesta de Halloween en Sanlúcar, donde he pasado la tarde y la noche, como acostumbro hacerlo siempre en esta fecha, en compañía de unos amigos. Mi hijo Darío y mi sobrina Cristina iban detrás dormidos, agotados de tanta risa y tanto miedo como han gastado hoy. Yo iba solo conduciendo delante, de camino a casa, atento a los peligros de la carretera sin una sola alma, pensando.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy es aún 31 de octubre. Esta noche es Halloween. Mañana será el día de todos los santos. Inevitable no pensar en algunos ausentes. En los más recientes sobre todo: en Melero, en Maruchi, en mi primo Javier. Iba conduciendo pensando en ellos. También en la fiesta en la que he estado, en la casa del terror en la que me he adentrado llevando de la mano a mi sobrina, que estaba deseosa de que le dieran un susto. Darío se quedó fuera con un amigo porque le daba demasiado pavor; esa mezcla de fascinación y miedo que experimenta un niño de cinco años que empieza a sentir la atracción por lo abominable. Bendita atracción.</p>
<p style="text-align:justify;">En todo eso pensaba hace un rato de camino a casa, en el coche, cuando de manera caprichosa, a traición, sin preverlo ni buscarlo, se me ha impuesto una fecha que ahora ya aquí, en casa, gracias a San Google, patrón de los perdidos, ha convertido esta noche en la noche en la que se cumple un curioso aniversario que me apetece recordar aquí y ahora.</p>
<p style="text-align:justify;">Pensaba escribir sobre lo mucho que me gusta la milenaria fiesta pagana de Halloween y por qué me parece digna de celebración, pero creo que lo voy a dejar para otra ocasión, para otro año. En su lugar voy a festejar este momento. El momento en el que he descubierto y recordado que esa fecha que ha cruzado por mi cabeza era exacta y banal. 31 de Octubre de 1971. Supongo que nadie recuerda ya ese día ni lo que en él ocurrió. Pero yo sí, porque ese día tuvo lugar un suceso que hace algo más de diez años me entretuvo ocupado unas horas buscando información para un texto que luego formaría parte del primer libro que yo escribí. Y aunque ese libro ahora me parece muy malo, algunas de sus páginas me siguen divirtiendo y es bueno que así sea. Hoy sé que no las escribiría, pero a la vez me alegro de haberlas escrito. Qué sé yo…, me resulta curioso que alguna vez me llegara a interesar un asunto como el que hoy quiero recordar en esta entrada, por banal que resulte.</p>
<p style="text-align:justify;">El 31 de octubre de 1971 tuvo lugar la insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona. Y cuarenta años más tarde, por esas cosas que pasan, me ha resultado extraño, curioso y extravagante descubrir que, si a San Google se le pregunta por el suceso en cuestión, lo primero que sale es el texto que yo escribí para mi libro de curiosidades.</p>
<p style="text-align:center;"> <a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/11/crc3b3nica-del-cipote-de-archidona.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-282" title="CRÓNICA DEL CIPOTE DE ARCHIDONA" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/11/crc3b3nica-del-cipote-de-archidona.jpg?w=630" alt=""   /></a></p>
<h2 style="text-align:justify;">El Cipote de Archidona</h2>
<p style="text-align:justify;">Camilo José Cela y Alfonso Canales calificaron este suceso como <em>La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona</em>. El episodio resulta espectacular y por eso lo refiero en esta colección de curiosidades. Para una mayor y más detallada información sobre el caso remito al lector al divertidísimo libro antes mencionado.</p>
<p style="text-align:justify;">Ocurrió en Archidona, provincia de Málaga, el 31 de Octubre de 1971. Era ya de noche y en el cine del pueblo una pareja de novios disfrutaban viendo juntos una película musical de moda en la época. No ha quedado constancia de los motivos que incitaron a la protagonista a hacer lo que hizo, pero se sospecha que quizá la música, o alguna escena o incluso el encanto del momento propiciaron que ella tomara aquella decisión. Más tarde declaró que no sabía el cómo ni el porqué. Quizá a su novio no le sorprendió tanto que la mano de ella hurgase en su cremallera aquella noche, quizá ya era un hábito que habían adquirido e incluso una costumbre. El chico, a quien llamaremos A.A.M. tal y como aparece en el fallo que dictaminó el juez, debía de ser consentidor y hasta generoso. No opuso el menor obstáculo cuando a ella se le ocurrió comenzar los toqueteos, se dejó hacer complacido, probablemente arrellanado en el asiento, que debía de ser cómodo. No previó las consecuencias que el laborioso ejercicio de su acompañante, a quien llamaremos P.B.A, podía tener. Todo parece indicar que la voluntad de ambos se hallaba exclusivamente centrada en el goce. No hay dudas al respecto; la ejecución de ella fue espléndida. A menudo en este caso se ha tendido a olvidar el importantísimo papel que jugó la chica para mayor gloria de su novio, a quien Cela llamó muy acertadamente <em>“honra y prez de la patria y espejo de patriotas”. </em>Debemos reivindicar no obstante el celo apasionado y la vehemencia desprendida con que ella remató tan delicada tarea.</p>
<p style="text-align:justify;">Me parece conveniente copiar las palabras con que Alfonso Canales resume el momento culminante de la noche. Aparecen en una carta que dirigió a Cela el 3 de febrero de 1972:</p>
<p style="text-align:justify;"><em>“El caso es que, en arribando al trance de la meneanza, vomitó por aquel caño tal cantidad de su hombría, y con tanta fuerza, que más parecía botella de champán, si no geiser de Islandia”.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Como este asunto fue llevado esa misma noche a la judicatura, ha quedado escrito que el chaparrón seminal salpicó a los espectadores de la fila trasera e incluso a los de la posterior. Comenzaron los gritos de extrañeza, alguien encendió la luz, identificaron la naturaleza indudable de las manchas y se hizo el escándalo. La novia que enrojece al verse sorprendida <em>in fraganti</em>, el novio avergonzado que trata de ocultar sin conseguirlo el cuerpo del delito, un prestigioso industrial que se queja del espectáculo al ver que su terno recién estrenado ha sido víctima de la eyaculación, una señora de la alta sociedad archidonense que estalla en gritos de histeria tras descubrir gotas de semen en su cabello, y por todo el cine voces indignadas, insultos malsonantes, palabras de indecencia en las bocas de los afectados, preguntas sin respuesta y seguro que más de una sonrisa jocosa en labios comprensivos.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que resta del suceso tiene un color semejante a un auto de fe: una causa que se abre, un proceso que se estudia a conciencia, un juez que dicta sentencia y una moral que de nuevo impone su ley con el matrimonio honesto, intuitivo y urgente de los inculpados.</p>
<p style="text-align:justify;">Tres décadas después, y visto con perspectiva, este glorioso suceso quizá no sea otra cosa que una anécdota simpática de los últimos años del franquismo en España. Pero en su día fue todo un escándalo con abundante publicidad, el libro que hizo Cela y el rodaje posterior de una película, por cierto, malísima.</p>
<p style="text-align:justify;">Hago mías las palabras de Don Camilo en su carta respuesta a Alfonso Canales del 7 de febrero de 1972:</p>
<p style="text-align:justify;"><em>“¡Bendito sea Dios Todopoderoso, que nos permite la contemporaneidad con estos cipotes preconciliares y sus riadas y aun cataratas fluyentes! Amén. ¡Viva España! ¡Cuán grandes son los países en los que los carajos son procesados por causa de siniestro!”</em></p>
<p style="text-align:justify;">___________________________</p>
<p style="text-align:justify;">Publicado en <em>Historias Curiosas</em>, Ed. Añil, Madrid, 2001</p>
<p style="text-align:justify;">___________________________</p>
<p style="text-align:left;">Enlace web: <a href="http://youtu.be/2NH4WqbbfDs" target="_blank">Cela comenta la insólita hazaña</a></p>
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			<media:title type="html">CRÓNICA DEL CIPOTE DE ARCHIDONA</media:title>
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		<title>El paje que se enamoró de Elisenda de Montcada</title>
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		<pubDate>Mon, 30 May 2011 21:09:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[Tumba de Elisenda de Montcada en el Monasterio de Pedralbes (Basada en una conocida leyenda catalana) De niño la pidió en matrimonio y ella le respondió no. Ni siquiera cuando fueran mayores, le aseguró, porque dos niños no debían hablar de las cosas que preocupan a los adultos, y él, que sólo era el hijo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=277&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp mceIEcenter" style="text-align:center;">
<dl class="wp-caption  aligncenter">
<dt class="wp-caption-dt"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/05/tumba-de-elisenda-de-montcada-en-el-monasterio-de-pedralbes.jpg"><img class="size-full wp-image-279" title="TUMBA DE ELISENDA DE MONTCADA EN EL MONASTERIO DE PEDRALBES" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/05/tumba-de-elisenda-de-montcada-en-el-monasterio-de-pedralbes.jpg?w=630" alt=""   /></a></dt>
<dd class="wp-caption-dd">Tumba de Elisenda de Montcada en el Monasterio de Pedralbes</dd>
</dl>
</div>
<p style="text-align:justify;">(Basada en una conocida leyenda catalana)</p>
<p style="text-align:justify;">De niño la pidió en matrimonio y ella le respondió no. Ni siquiera cuando fueran mayores, le aseguró, porque dos niños no debían hablar de las cosas que preocupan a los adultos, y él, que sólo era el hijo de uno de los pajes del padre de ella, supo esperar a la adolescencia para requerir de nuevo su amor.</p>
<p style="text-align:justify;">Por segunda vez fue rechazado. Ella, Elisenda, que para entonces era una hermosa doncella, había descubierto ya en palacio las diferencias de rango y posición. Ella, casi una princesa, la hija de un caballero en la corte de un rey, era demasiado consciente de la imposibilidad del amor con un villano. Se sabía destinada por nacimiento al matrimonio con un noble, dignidad que habían obtenido algunos por el solo hecho de haber nacido, y que otros alcanzaban solo descollando con valor en las batallas que su señor mantenía en la lucha contra los moros.</p>
<p style="text-align:justify;">El paje encontró en el ejército una solución a su situación desesperada y, sabiendo que los honores militares podían auparle a la nobleza de clase, se entregó con valor en la guerra contra el enemigo musulmán. Algunos años después regresó al castillo de Montcada convertido en todo un caballero. Pidió audiencia con Elisenda y de nuevo le manifestó sus intenciones.</p>
<p style="text-align:justify;">Ella se sintió halagada, pero la respuesta fue no. El propio rey había solicitado su mano, y la que podía llegar a ser reina no podía rechazar aquella soberana petición por la de un simple caballero a su servicio.</p>
<p style="text-align:justify;">Ante este nuevo rechazo y sabiendo ya imposible su amor por Elisenda, el que en otro tiempo había sido paje y ahora era caballero regresó a la lucha esperando encontrar la muerte con su actitud temeraria. Pero no murió. Pasaron los años y continuó acumulando honores solo destinados a aumentar su fracaso, pues ya nunca podría convertir a Elisenda en su mujer.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero todavía quiso el destino brindarle una cuarta oportunidad. Cuando había perdido ya toda esperanza de ver cumplidos sus deseos, ocurrió que llegó a su campamento la noticia de la muerte del rey, y entonces se dijo que tal vez ahora Elisenda aceptaría por fin ser su esposa.</p>
<p style="text-align:justify;">Ella aceptó de buen grado la entrevista con el afamado caballero, e incluso lo escuchó con atención y cierto deje de coquetería, pero su firmeza fue irreductible. La viuda de un rey debía guardar luto y silencio por el difunto y entrar en un convento para servir a Dios.</p>
<p style="text-align:justify;">La decisión estaba ya tomada y nada pudo hacer el caballero, condenado a ver cómo de nuevo se le escapaban sus ilusiones, a la vez que la mujer por la que tanto tiempo había esperado tomaba los hábitos religiosos e ingresaba en el monasterio de Pedralbes, donde con el tiempo llegó a ser abadesa.</p>
<p style="text-align:justify;">Abatido por este último golpe fatal, resolvió tomar él también los hábitos y hacerse fraile. Y aunque esta decisión le valió para escapar de las fatigas del mundo no le ayudó a olvidar a la mujer de la que había estado enamorado toda su vida. Así que un día, algunos años después, decidió ponerse en camino hacia el monasterio de Pedralbes y proponerle a la abadesa ser su confesor.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando llegó, le abrió la puerta, medio llorando, una de las hermanas del monasterio, quien, al ser preguntada por la madre abadesa, la que un día fue reina y respondió al nombre de Elisenda de Montcada, confesó que esta acababa de morir.</p>
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			<media:title type="html">TUMBA DE ELISENDA DE MONTCADA EN EL MONASTERIO DE PEDRALBES</media:title>
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		<title>La casa deshabitada</title>
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		<pubDate>Sat, 14 May 2011 07:46:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustín Celis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[(Basada en una conocida leyenda castellana) Aquella noche don Antonio Chenique paseaba como tantas otras por la callejuela de San Justo, en Madrid, vistiendo elegantemente su uniforme de los guardias de Corps de Carlos IV, muy ufano porque a esa misma hora lo estaría esperando ya una joven a la que había conquistado varias semanas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=agustincelis.wordpress.com&amp;blog=16911162&amp;post=273&amp;subd=agustincelis&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_274" class="wp-caption aligncenter" style="width: 370px"><a href="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/05/soldado-de-la-guardia-de-corps-1901-150-mm-4.jpg"><img class="size-full wp-image-274" title="SOLDADO DE LA GUARDIA DE CORPS 1901 - 150 mm (4)" src="http://agustincelis.files.wordpress.com/2011/05/soldado-de-la-guardia-de-corps-1901-150-mm-4.jpg?w=630" alt=""   /></a><p class="wp-caption-text">Soldado de la guardia de Corps, 1901.</p></div>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;">(Basada en una conocida leyenda castellana)</p>
<p style="text-align:justify;">Aquella noche don Antonio Chenique paseaba como tantas otras por la callejuela de San Justo, en Madrid, vistiendo elegantemente su uniforme de los guardias de Corps de Carlos IV, muy ufano porque a esa misma hora lo estaría esperando ya una joven a la que había conquistado varias semanas atrás con la ayuda de la criada de esta, que propiciaba los encuentros secretos de los dos amantes.</p>
<p style="text-align:justify;">Estamos en pleno siglo XIX, en un ambiente propicio para las historias románticas, con un apuesto joven al que no evitaremos describir con su bigotito fino y un clavel en el ojal, un decorativo espadín al cinto y en la boca una o dos ligerezas aprendidas en los libros para halagar a una dama. Es orgulloso y va abstraído por las calles pensando en la mejor manera de librarse de la bella enamoradiza que con tanta ligereza se le había entregado y de la que ya obtuvo los favores que su vanidad demandaba.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquella noche sería la última noche que pasaría con aquella mujer, que ya le hastiaba. Lo tenía decidido. Ocurrió entonces que al pasar por delante de la iglesia pontificial vislumbró un ligero resplandor que iluminaba su fachada, lo que le pareció extraño, pues muchas veces había cruzado aquella callejuela y nunca había visto luz en aquel balconcillo donde ahora ardía misteriosamente una vela.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuestro hombre no apuró el paso, pese a que ya se le hacía tarde el encuentro con la joven que lo esperaba. Se ocultó tras una esquina y durante un buen rato se entregó a la observación de aquel balcón que parecía abierto e iluminado solo para él aquella noche. Vio a través de la ventana una sombra, la misma que portaba el candil, y descubrió en ella un contorno femenino que poco a poco se fue asomando al balcón para mostrar su belleza. Una dulce voz pronunció su nombre y quedó atravesado. La misteriosa mujer lo llamaba desde su altura invitándolo a subir. Don Antonio salió de su escondite y de nuevo la voz pronunció su nombre y de nuevo lo invitó a su alcoba. La curiosidad se apoderó de él y atravesó la calle hasta la vieja fachada. Un portón de herrajes antiguos se abrió con un sonido de años pasados en los que no reparó nuestro hombre. En el umbral lo esperaba la dama del balcón vestida de blanco, apenas un camisón de encaje que prometía una noche única.</p>
<p style="text-align:justify;">Nada tenía que ver aquella belleza con la hermosura de todas las mujeres con las que él había estado hasta esa noche. La dama lo condujo por pasillos ricamente adornados que negaban el aspecto exterior de aquella casa que días antes parecía abandonada. Tanta era la confusión de nuestro hombre, y tanto el deseo de llegar a los aposentos de la joven, que no reparó en la decoración ya anticuada, aunque majestuosa, de aquel caserío. Y allí nada dijo ella. Nada preguntó él. Las horas pasaron veloces y la mañana lo sorprendió despierto y abrazado a aquella inquietante muchacha desconocida.</p>
<p style="text-align:justify;">Apenas tuvo tiempo de despedirse de ella. Afuera lo esperaba su guardia en el palacio real. No podía retrasarse. Recogió su ropa y se vistió. La dama lo condujo de nuevo por los pasillos y de nuevo abrió el portón, que otra vez dejó escapar su inconfundible sonido de años.</p>
<p style="text-align:justify;">La calle Mayor lo esperaba vacía de gente a aquella hora. Don Antonio iba abstraído en sus propios pensamientos, todavía emocionado por la increíble experiencia vivida con la más hermosa de las mujeres. Ya se estaba reponiendo del esfuerzo de la noche pasada cuando a la altura de la Plaza reparó en la ausencia de su espadín. Sin duda se lo había dejado olvidado encima de la mesilla junto a la cama de su nueva amante. Consciente de que no se podía presentar sin él en su puesto, corrió el camino de vuelta hasta la callejuela de San Justo y, sin demora, golpeó la pesada aldaba, que le ensució las manos con el óxido verde del bronce. Tres veces repitió esta operación hasta que la puerta cedió al paso de un anciano con uniforme de viejo criado. Confundido ante la presencia del viejo, don Antonio explicó que necesitaba recuperar el espadín que tan solo media hora antes se había dejado olvidado en aquella casa. No hizo alusión a la joven vestida de blanco con la que había pasado la noche. No quiso comprometer su honor confiando en que la muestra de impaciencia serviría para persuadir a aquel servidor uniformado. El anciano se mostró afable y le dijo que no había inconveniente en dejarle pasar, pero también le advirtió que sin duda se hallaba en un error, y que no debía de ser aquella la casa de la que había salido, pues esta estaba deshabitada y él era el guardián desde hacía muchos años.</p>
<p style="text-align:justify;">Fue el propio anciano el que condujo a don Antonio Chenique por los mismos pasillos que solo unas horas antes estaban ricamente adornados y que ahora se hallaban cubiertos por el abandono de los años. Una pátina de polvo ya asentado lo envolvía todo, también la estancia donde había pasado la noche, y la cama en la que hacía solo media hora antes había estado abrazando a aquella mujer misteriosa, y hasta la mesilla en la que había dejado su espadín estaba ahora mordida por la carcoma y el deterioro.</p>
<p style="text-align:justify;">Nunca hasta entonces había visto el guardián aquel espadín, lo que decía mucho en favor de la historia que le había contado aquel joven tan confundido. Don Antonio reconoció en ella su arma: sin duda era la misma vaina, la misma hoja, la misma empuñadura que tantas veces había decorado su cinto, pero parecía tener un siglo y llevar allí y en aquella misma posición muchos años, no tocada desde hacía tiempo por la mano del hombre, para siempre deteriorada por la herrumbre y el moho.</p>
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