La Educación a debate

Durante varias semanas me han estado rondando desde una emisora de radio local para que participara en un coloquio sobre Educación. “La Educación a debate”. Interesante y sugerente título. Trillada fórmula. Por saturación, por exceso de trabajo, por motivos de huelga, por imposibilidad, les he venido diciendo que no podía ser, que quizá más adelante, que puede que en otra ocasión, en otra semana. Pretendían que fuera con dos o tres compañeros más a hablar sobre la enseñanza, ese tema que preocupa a todos, del que todo el mundo tiene formada una opinión, sobre todo los intelectuales, que nunca dejan escapar la ocasión para aportar sencillas soluciones nunca antes vislumbradas; sobre todo los políticos, tan aficionados a legislar sobre enseñanza que cada seis o siete años se sacan una nueva ley orgánica con toda su parafernalia de decretos, órdenes, circulares e instrucciones precisas.

 Ayer me volvieron a insistir y pronuncié el definitivo no. Sencillamente no es posible. Y así lo expuse,  explicando la situación con argumentos incontestables, los de verdad: un centro que ahora mismo tiene dos profesores de baja sin sustitución no se puede permitir la ausencia de tres o cuatro profesores más, ni siquiera durante un par de horas. Sería una locura.

 Aunque he notado cierta exasperación en el tono de mi interlocutor a medida que se desarrollaba la conversación por teléfono, en todo momento se ha mostrado correcto. Digamos que lo comprendía. Cómo no… Pero aún así he creído notar un deje de descrédito en la seriedad con que ha pronunciado las últimas frases, ya despidiéndose; no sé… cierto desdén, cierto desprecio, que se ha vuelto casi insulto en la urgencia con que se ha precipitado hacia el adiós, en la prisa que se ha dado en colgar. Quizá ultrajado por mi negativa, seguramente ofendido o decepcionado. Él, que quizá pretendía avivar el debate sobre educación a nivel local. Él, que solo trataba de aportar su granito de arena, buscar soluciones, arrimar el hombro, hacer que se entienda la gente. Pero no hay nada que hacer, se habrá dicho. Y fantaseo e imagino que por un momento, como todos alguna vez, se habrá dejado vencer por el desánimo. ¡Bienvenido!

 

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Acerca de Agustín Celis
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